Los Clásicos de Clóset de Benito Bodoque. Sigur Rós.

Hoy escribo por que necesito justificar mis acciones musicales futuras.

Con el Corona Capital encima de nosotros, no puedo dejar de pensar en la crueldad que representan este tipo de festivales.

El tener que elegir qué artistas ver en un evento de múltiples escenarios, todos a unos pasos de distancia, todos a tu disponibilidad, se puede convertir en simple masoquismo.

Con eso en mente debo decir que maldigo al hijo de la chingada a quien se le ocurrió la pésima broma de agendar a Arctic Monkeys y a Sigur Rós al mismo tiempo.

Con Alex Turner en su mejor momento, demostrados como headliner en Glastonbury, los Arctic Monkeys regalarán algo seguro. La gente estará saltando, la gente cantará. Presiento que se perderá un poco de la magia que pudieron ofrecer hace unos meses. A fin de cuentas “AM” aún no permea en nuestro lenguaje. Sí es un gran disco, pero la gente prefiere una jornada llena de clásicos.

Sea como sea, es una banda que recibirá ovaciones y oleadas de decibeles. Sus líneas serán coreadas por miles. La gente recordará los ya clásicos al enloquecer con I bet you look good on the dancefloor -hablar de “Whatever people say I am…” es siempre un placer-, A Certain Romance, Dancing Shoes, Crying Lightning, Teddy Picker, Do Me A Favour… ¡Dios!. Me puedo imaginar un concierto perfecto. Corear 505 es lo que más me haría retorcerme, más con la posibilidad de una posible participación de Miles Kane.

En verdad espero que esa canción siga siendo participe de su setlist. He leído que sus cierres son mucho menos emotivos desde la salida de “AM”, por la falta de esa canción.

Ahora, necesito convencerme de que mis acciones son las más apropiadas. Pensaba que mi selección llegaría en el momento; que dependería de mi humor. Pensaba dejarlo al azar hasta cierto punto hasta que mi shuffle me recordó UNA canción de Sigur Rós. Recordé tanto. Lo que sentí. Lo que era para mí. Lo que sigue siendo en mi vida. Sentí el dolor de la que en mi mente sigue siendo la canción más triste del mundo. Recordé la mejor cara del post-rock. Recordé que la nostalgia puede ser el mejor instrumento musical.

sigur

Listas. Las listas ayudan.

1.- Sigur Rós es algo difícil de explicar. No podrías describirlos con adjetivos mejor que lo que los verbos pueden hacer. Sigur Rós crea melodías que evocan sentimientos tan profundos que ningún idioma en el mundo puede soportarlos. El “Vonlenska“, utilizado extensivamente en sus canciones, principalmente en “()” – un álbum sin títulos, sin tiempo, que sólo el alma podía entender- , es el concepto original que me lleva a pensar que aunque el poder lírico de una canción es importante, no es lo principal. ¿Qué importa que puedas cantar una canción si no puedes sentirla? Convertirnos en fanáticos de una banda por sus letras es como enamorarnos usando los sentimientos de alguien más. La subjetividad de Sigur Rós nos regala esa libertad. Nos da la oportunidad de convertirla en lo que queramos.

Ese video fue el primer y único video musical que ha traído lágrimas a mis ojos.

2.- “I wonder if it remembers me.” Es un momento invaluable en mi colección de combos música-película maravillosos. “The Life Aquatic” alberga un soundtrack único. Seu Jorge haciendo covers acústicos en portugués de David Bowie… ¿qué más podrías pedir? Tal vez el momento más emotivo en la historia de Bill Murray musicalizado por Starálfur.

3.- “Heima” – la primera vez que vi lo que yo creo que es el mejor documental de una banda/país hecho en la historia, juraba que un día viviría en Islandia. Aún está en mi lista el poder vivir esas imágenes tan cálidas, tan llenas de paz, en persona.

4.- Es potencialmente un setlist ideal. Con un disco relativamente nuevo y hora y media disponible, Sigur Rós podría ofrecer un repertorio de ensueño, lleno de los clásicos que todos esperamos como Varúð, Popplagið, Ágætis Byrjun, Glósóli y Olsen Olsen, así como las maravillas que tienen como residencia “Kveikur”.

5.- “Með suð í eyrum við spilum endalaust” era un disco nuevo en el 2008. Una noticia alrededor de abril de ese año me emocionó como nunca, nada lo había hecho. Sigur Rós estaría en Tepoztlán en un festival llamado Colmena. Sonaba como un día mágico; absolutamente imperdible. Andrew Bird y Sigur Rós, uno tras otro, era una idea que no podía ser superada por nada, nunca.

Festival, canción que tiene como hogar el álbum antes mencionado, circulaba en mi cabeza sin cesar, una y otra vez. Estaba seguro que lloraría con ese sonido en mi presencia. Jónsi, Georg, Orri y Kjarri subieron al escenario mientras el sol se perdía y mi sueño se estaba volviendo realidad, sin embargo era un poco diferente, estaba accidentado e inesperadamente caótico. Cuatro o cinco canciones después la banda se despedía en una pesadilla que parecía tan imposible como desafortunada. Fue un sueño incompleto. Quedaron deudas sin cobrar.

Presenciar Festival este fin de semana es atar cabos sueltos. Será una explosión de sentimientos llenos de la felicidad más pura. Será revivir recuerdos que siguen intactos en mi mente.

Festival es la conclusión perfecta. Lo es todo. Mi pasado y mi futuro.

Es bastante simple. No hay ninguna otra banda que pueda escribir de esta manera. No sé si sea el exilio en el que parece vivir Islandia, o si simplemente hay una mejor conexión con el alma en ese lugar perdido entre Groenlandia y Noruega, Sigur Rós nos ofrece un lenguaje para comunicarnos con nosotros mismos.

Cantar o sentir. Me duele Arctic Monkeys pero Sigur Rós podría ser la mejor experiencia musical de mi vida.

Espero saludarlos este fin de semana.

Benito Bodoque.

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