Song + Writing, Vol. II

Vol. II

Instrucciones de uso: Dé click en el link de la canción y lea simultáneamente, ¡que les aproveche!

SONGAquella tarde del 14 de Abril de 1935 el joven estaba parado al borde de su pórtico, los días eran cortos y su padre ya no estaba más. No había nadie en el pueblo y nadie en el campo, esta tierra polvorienta y estéril había dado todo lo que podía producir. La misma tierra que su padre trató de cultivar hasta el día en que cayó muerto de bruces sobre ella; esa misma que cinco años antes había comprado con los ahorros familiares; la que había sido prometida como tierra fértil y en vías de convertirse en la zona agrícola más productiva de la unión americana; esa tierra que el mismo delegado que se las vendió quería ahora comprar por una décima parte.

Ese mismo día por la mañana, después de la iglesia, las intenciones de Milton, aquél joven del pórtico, eran desconocidas para cualquiera que le conociera, tal vez incluso para él mismo. A lo largo de un año, el mismo tiempo que llevaba su padre bajo tierra, había forjado una relación secreta con Jolene, la hija del delegado de Boise. El sigilo con el que actuaba la pareja, en parte se los obligaba la disparidad de su estatus; uno siendo un pobre labrador de la planicie que no poseía más que la ropa que traía y su enrojecida, adusta pero bella tez; ella una linda niña de pueblo que usaba vestidos comprados en la ciudad, afín a las buenas costumbres y educada para ser la moneda de cambio de su padre a una mejor vida.

La otra razón para guardar las apariencias eran los planes de Milton, pues él sabía que el delegado conocía la aversión que le tenía y si siquiera sospechaba que su propia hija tenía algo que ver con él, se arruinaría todo lo que había lucubrado. Pero no, un año había pasado y cada fase la había realizado con éxito; había podido enamorar a la inocente Jolene hasta el punto de convencerla de dejar todo y fugarse con él a California, todo sin que su padre sospechara nada. Ahora se preparaba a dejar aquellas áridas tierras con su madre, su hermana y Jolene para dejar al delegado sin los títulos de las tierras, sin los correspondientes impuestos sobre ellas y sin su hija, su preciado futuro.

Estaba el plan en proceso; después de la misa y el desayuno en el pueblo, Jolene debía excusarse para pasear por la plaza y encontrar a Milton a las afueras de Boise. Así lo hizo y él le esperaba ya con su hermanita y su madre, con un viejo carretón cargado con todo lo que poseían. La ilusionada muchacha trepó de un salto y se dispuso a ir al oeste, con su galante enamorado. Sin embargo, él le dijo que no podía huir de esa forma y que regresaría a avisarle a su padre sobre sus intenciones, que si él lo aceptaba, le diría donde encontrarlos para cumplir con las debidas formas; si no, se iría con ellas y seguirían adelante con su plan.

Aunque Jolene, preocupada por la integridad física de su querido, se opuso; Milton insistió y le dijo que debían adelantarse a Amarillo, que pasara lo que fuere, ahí las enconaría para continuar el camino hacia las promisorias tierras Californianas. Así pues, el carretón con las mujeres se encaminó por la 287 hacia el sur y Milton de vuelta a Boise; determinado no a pedir la bendición de su suegro, sino a hacerle saber que era él quien, con el consentimiento de ella, se la quitaba.

Halló Milton al señor delegado de la mano de su esposa caminando por la calle y muy amablemente le pidió una audiencia privada. El delegado, que le conocía y que tampoco sentía precisamente afección por el muchacho, se la concedió de mala gana y con la condición de que fuese corta. Mandó a su esposa con 50 centavos a la mercería a encontrarse con las demás señoras y se quedó con Milton.

-Me llevo a Jolene, nos casaremos y se va conmigo.- Le dijo resuelto Milton una vez que vio alejarse a la esposa.

-¿¡Mi Jolene!? ¡Debes estar loco, hijo!- Bufó incrédulo el delegado.

-¿Porque me la llevo? O ¿Porque ella se quiere ir conmigo?

-¡Jolene no quiere ir contigo! Si acaso la estás raptando y por eso debes ser colgado  y ¡de eso me encargo yo!- Replicó disfrazando su cinismo con enojo.

-¿¡Usted me acusa a mí!? ¡Míreme a la cara! Su opresión apesta a su propia avaricia y deshonra. Mientras un hombre lo tiene todo, otro no tiene nada, ¿cómo puede disfrutar lo que tiene si se lo quitó de las manos débiles de los pobres? Para luego  venir a rezarle a un dios que permite que usted haga su cruel voluntad.

-¡Los ladrones y los mentirosos no saben de qué hablan! Y el único desenlace favorable para ti es que me digas ahora dónde está mi hija o te prometo que llegará el momento en que te vea a los ojos  y rezarás al Dios que has profanado.

Fue en ese momento en el que Milton descubrió sus verdaderas y oscuras intenciones. Le dijo al delegado que Jolene le esperaba en su casa, que si quería disuadirlo fuera él mismo a hacerlo. Se dirigieron pues los dos solos pues la casa de Milton no era digna de la esposa del delegado. En el pórtico de la casa, Milton le dijo al delegado que traería a Jolene para que hablasen.

-Mi padre me dijo que le hizo una oferta por nuestra tierra.- Le grito Milton desde adentro.

-Así es, hijo. Bastante justa, creo yo.- Gritó el delegado hacia la puerta abierta.

-¿Le parece?- Preguntó sacando de la parte de atrás, la vieja escopeta de su padre.

-¡Sí señor! Así es, porque sé lo que hago, sé lo que he visto y conozco de esto.

-No me ha conocido a mí, que soy su único hijo.- Dijo Milton en el umbral de la puerta disparando la escopeta.

Parado en el pórtico, con una inmensa culpa sobre sí, el cuerpo del delegado al pie de los escalones, miró al cielo y buscó el consejo de su padre:

-Padre, sella mi corazón y destruye mi orgullo. No tengo en dónde pararme y ahora no tengo dónde esconderme. Ayúdame a alinear mi corazón con mi cuerpo y mi mente para enfrentar lo que he hecho y cumplir con mi condena.- Sollozó Milton.

Resolvió pues, abandonar el cuerpo con su vieja vida y seguir con su plan hasta que su culpa o la ley lo dejara. Al volver a Boise se dio cuenta que el pueblo estaba desierto y el cielo pareció oscurecerse en ese momento así que pensó que sería mejor dirigirse a Amarillo antes del atardecer. Momentos antes, una de las más grandes tormentas de arena de la historia azotó Beaver, al este de Boise y una hora después ya había cubierto Boise y sus alrededores, incluyendo las tierras de Milton. A las 7:20pm había llegado a Amarillo también.

Jolene, la hermana y la madre de Milton, que se guarecieron en el ayuntamiento de Amarillo, sobrevivieron a aquel llamado “domingo negro” pero Milton nunca llegó a  Texas y el cuerpo del delegado nunca fue encontrado; su historia, lo que pasó ese 14 de abril de 1935, quedó sepultado en una de la serie de tormentas conocida como el Dust Bowl.

D.

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