Atrapar balas con los dientes… ¡No es cosa fácil!

El día -noche- de hoy, último lunes de agosto, voy a dedicarle unas líneas a un hallazgo que es -mas bien- producto íntegro de la ávida participación de ustedes, los lectores. Y es que dando vueltas por nuestro querido blog, me topé con un comentario respondiendo a una de mis publicaciones anteriores, a cargo de un personaje cuyo nombre es, sencillamente, O.M.H… singular pseudónimo. El verdadero nombre de este(a) individuo(a) importa poco y no vamos a indagar mucho en el tema. Mas bien, debemos concentrarnos en el objeto de su participación en este foro felino y el propósito mismo de esta publicación: Tunng.

Exceso de ¡PUNCH! es lo que define a la perfección a este original sexteto londinense. Y es que atreverse a mezclar elementos del folk -guitarras acústicas, armónica ocasional y un banjo en puntos clave de sus composiciones- con sintetizadores, sumados a una alta gama de instrumentos peculiares -que incluyen accesorios de cocina, conchas de mar y así-, no es cosa trivial.

Pero bueno. El chiste es que todavía no puedo hacerme a la idea de que una banda de este calibre en su ¿rareza?, ¿genialidad?, ¿frescura? se me escapara. Pero así es la realidad. Ahora bien, explorando un poco, sólo un poco, pronto me di cuenta que no hay forma posible de comprimir todo lo que tengo que decir acerca de todas las canciones que he encontrado fascinantes en una misma publicación, por lo que he preferido dedicarle este pequeño espacio a una canción: “Bullets“.

Parte de su penúltimo -tercer- trabajo de estudio titulado “Good Arrows”, “Bullets” es un buen ejemplo de la complejidad con la que se desenvuelve Tunng. Mezclando elementos variados como guitarra, piano, sintetizadores y un coro excepcional; esta fantástica rolita no es capaz de decepcionar. Conforme pasan los segundos, “Bullets” va transformándose poco a poco. Al inicio, nada hace sentido. Lo que pasa por la cabeza de CUALQUIERA en los primeros dos o tres segundos es, más o menos, algo como: ¿Qué demonios estoy escuchando? Y de repente, escuchamos el piano y la tranquilizadora voz de Sam Genders.

Ahora, todo hace sentido. Y ahora, segundo a segundo, la inmersión en un aparente mundo feliz, lleno de paz, se vuelve cada vez más profunda. Escuchando con detenimiento -tanto detenimiento como es posible lograr en cuatro minutos y diecisiete segundos-, se va cayendo en la cuenta de que ésta no es una canción tan feliz como uno se lo imagina al primer contacto con la alegre melodía. Y es que es, en realidad, es una canción que relata momentos de dificultad, en el sentido de que nuestra búsqueda de la felicidad -adicionada con nuestra imperante superstición- nos lleva a tener una relación en ocasiones enfermiza con la religión y la espiritualidad, para finalmente caer en la aceptación y en la paz interior… ¡Vaya lío!

Bueno y ahora, escúchenla. Saboréenla. Es una verdadera exquisitez… si es que el término existe.

¿Qué tal?

Ahora, les toca a ustedes. Tunng tiene, a la fecha, un total de cuatro álbumes de estudio rondando por el mundo. En serio, búsquenlos, empápense de ellos. Algo tan complejamente armónico no es fácil de encontrar.

Gracias O.M.H por esta valiosísima recomendación, que ahora yo les hago a todos y cada uno de nuestros lectores.

¡Ah! Y pues no dejen todos los demás de seguir el ejemplo: recomienden sus rolas, bandas, eventos y conceptos predilectos. Acá, todo -casi… hay que leer el enunciado fundador de este espacio- es bienvenido.

Disfruten, disfruten.

Pura paz.

Espanto!

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