Si sí… ¡Sí!

Jueves 23 de agosto y voy a pasar a proceder a deleitarlos -que siempre es el objetivo- con un post tributo a una de mis bandas favoritas y quizás, una de las agrupaciones que más ha influenciado a la música moderna. Con la maestría que da la experiencia, el virtuosismo que a algunos les es otorgado, una mente que trabaja ciertamente a revoluciones mucho más elevadas y un romance con la música a un nivel que resulta verdaderamente ridículo… ¡gracias Londres! YESSSSSSSSSSSSSSSSS.

Evidentemente me tardaría de aquí a diciembre en relatar la fascinante historia de este siempre quinteto -porque hasta Dios Padre ha tocado en la banda- y en desmenuzar cada una de sus obras… intrincadas, frescas, sorpresivas, dinámicas, eternas. En otras palabras, la historia de Yes es más disfrutable con una pantalla gigante, unas palomitas y unos audífonos de alta fidelidad.

Realmente el objetivo de este conglomerado de palabras pretenciosas -consecuencia lógica de encontrar inspiración rayando las 23:00- es dedicarle un merecidísimo espacio a una de las rolas que cualquier vigoréxico del rock debe tener en su top 10 y que cualquier mortal debe escuchar al menos una vez en la vida; de ésas legendarias. Ni 41 años han podido borrar las emociones, los acordes, las progresiones y uno de los solos más majestuosos que jamás podrán intepretarse: “call it morning, driving through the sound and in and out the valley“… ellos la llamaron simplemente “Roundabout“.

Steve Howe se encarga de iniciar las hostilidades de esta única caída de 8:35. Uno de los intros más hipnotizantes, con armónicos a diestra y siniestra y un cierre con un riff bastante flamencoso; abre paso a Chris Squire -como dijera Guardiola: “él aquí es el p$%o jefe… ¡el p/&o amo!”-, Bill Bruford y Jon Anderson que durante poco más de 300 segundos le trapean el pasillo -figuradamente- a Rick Wakeman, que bien podría ir a prisión por la cantidad de traumas cerebrales que ha causado a lo largo de su carrera artística. Las palabras realmente no me son suficientes para plasmar la majestuosidad del primer track de “Fragile” y voy a dejar que la música hable por sí sola, como lo ha hecho desde el día en que se descubrió.

Para aquellos que les gusta el progresivo… he de decirles que acá les dejo al Tellurian en las manos de sus meros apás.

PD. Luego me agradeces, Panza.

Agosto muere.

D.Gato

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