Try to set the night on fire

El año era 1971. Pablo Neruda recibiría el Premio Nobel de Literatura “por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y a los sueños de un continente”. Greenpeace, aquella organización que nos recuerda a la lucha por las ballenas y los polos de la tierra, sería fundada. Las bolsas de aire serían patentadas por Mercedes-Benz y la historia de la seguridad automovilística cambiaría para siempre. Y James “Jim” Morrison, aquella leyenda considerada como uno de los mejores cantantes de la historia, sería encontrado muerto en la tina de su cuarto en un hotel de París.

A partir de ese año, The Doors no serían lo mismo. Uno de los máximos exponentes de la psicodelia sesentera había perdido a su piedra angular. Pero no vine el día de hoy a intentar poner en un -corto, sesgado- post la maravillosa historia de esta enooooorme banda. Vengo, en cambio, a recordar un evento que sucedió 22 años después de la muerte de Morrison. Un pedacito de la inmensa historia protagonizada por John Densmore, Robby Krieger, Ray Manzarek y Jim Morrison que me cautivó.

En Cleveland, hay un lugar que desde hace 29 años, está dedicado al recuerdo y memoria de los artistas más influyentes en el rock -conocido mundanamente como Rock and roll Hall of Fame and Museum– y en donde cada año, en un evento de etiqueta digno de los reyes de Inglaterra, la lista se expande un poquito. En este evento, los artistas invitados a formar parte de la imponente lista hacen una presentación en vivo, generalmente incluyendo al personaje que tenga el honor de presentarlos. En 1993, fue el turno de los Doors. Y fue el mismísimo Eddie Vedder, salidito del horno un par de años antes con la ópera prima de Pearl Jam -“Ten”-, el elegido para compartir escena con Densmore, Krieger y Manzarek.

La rola elegida para su ingreso en el Salón de la Fama no podía ser otra… “Light my fire“, uno de los himnos inmortales de la banda que aparecería por primera vez en 1967 en el álbum debut y homónimo, “The Doors”. Caracterizada por una fuerte intervención de teclados psicodélicos, capaces de poner a cualquiera a viajarse -y sin ayuda de ciertas substancias consideradas ilegales en la mayoría de los rincones de nuestra tierra- y por una letra de extremo corte sexual, “Light my fire” fue la rolita encargada de dinamitar el éxito del cuarteto. Es la culpable de todo:

You know that it would be untrue,

you know that I would be a liar,

if I was to say to you:

girl, we couldn’t get much higher

Come on baby, light my fire…

come on baby, light my fire…

try to set the night on fire

The time to hesitate is through,

no time to wallow in the mire,

try now we can only lose

And our love become a funeral pyre

Come on baby, light my fire…

come on baby, light my fire…

try to set the night on fire, ¡yeah!

Un himno inmortal para cuatro individuos inmortales. Antes de escuchar la versión del Salón de la Fama, los invito a echarle un vistazo a la versión original en vivo.

Con la participación de Vedder, se logró conservar intacto el espíritu de la rola. El tono característico del -en ese momento- jovensísimo grungero aseguró una fidelidad al tono vocal del difunto Morrison sin querer usurpar algo que no le pertenecía. La encomienda fue enorme y Vedder fue exitoso. Hizo justicia a la leyenda de Jim muy a su manera, sin querer impresionar a nadie.

Una fórmula grandiosa que deben juzgar ustedes mismos:

Que este buen fin de semana les trate de maravilla.

Hasta aquí mi intervención.

Disfruten.

Pura paz.

Espanto!

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