De tocaores, cantaores y bailaores

¿Qué pasó mis queridos lectores telúricos? ¿Cómo los trata la vida este verano? Espero que sus días estén llenos de buena música y un nivel de humedad más bajo que el mío. ¡Qué calor hace en mi pequeño país sureño! Pero no los aburro más con mis líos climatológicos, vamos a lo que es bueno: la música. Me complace mucho compartirles algo sin precedentes en el Tellurian. Esta música que les traigo hoy es señora y maestra de la pasión desenfrenada, a veces dulce, a veces violenta, siempre enamorada y con atrevidas líneas de sufrimiento que van rasgado las gargantas de sus cantantes cansados de gritar al viento, las cuerdas de sus guitarras rotas de tanto tocarlas, la madera de sus tambores desgastadas por manos amigas y enemigas…

La semana pasada tuve el privilegio de asistir a la experiencia musical Misa Flamenca: Los gitanos cantan a Dios, obra del autor y reconocido músico flamenco Tito Losada. Con su misa ha recorrido los escenarios más prestigiosos del mundo, pasando por el Carnegie Hall, el Royal Albert Hall y el Kesington Place y compartido escenarios con una gama de artistas que van desde Monserrat Caballé hasta Sting. Pero la Misa Flamenca no necesita introducción ni palancas para entrar en sus espíritus, por sí misma los sobrecogerá de una forma sin precedentes.

Una puesta en escena sobria. Una gran cruz cuelga del techo y los colores del escenario van cambiando junto con las emociones de la audiencia. Hasta los más ateos pueden sentir la energía que transmite el gitano sonido de unas guitarras y percusiones perfectamente descuadradas en una serie de síncopas y escalas interpretadas magistralmente. En el fondo oímos un ensamble de vientos y cuerdas, extraídos directamente de la orquesta sinfónica para arroparnos en el dramatismo y solemnidad de la ceremonia. Los sollozos árabes conjugados con el rito católico hacen honor a los orígenes andaluces del flamenco, donde convergen musulmanes, cristianos, judíos y gitanos. Como si esto no generara ligeros microinfartos en los oyentes, la experiencia se completa en esta ocasión con el zapateo del bailaor Antonio Canales, quien traduce en movimientos por igual recatados y obscenos toda la pasión que desbordan nuestros corazones. No soy experta del género, ni mucho menos, pero eso no me impidió sentir como la sangre fluía más a prisa por mis venas y mi piel se tensaba acorde tras acorde. ¿Por qué desperdiciamos tanto dinero, fuerza y energía en odiar a los que son diferentes, a lo que es diferente a nosotros? Si tantas razas y religiones pueden conjugar en la sagrada música ¿no sería un mundo mejor aquel en el que en lugar de disparos arrojáramos acordes y melodías? Soñar es gratis…

¿No son “fans” del género? No se priven deliberadamente de experimentar cosas nuevas por prejuicios viejos. El flamenco es un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, declarado así por la UNESCO en 2010. Visiten un museo, lean un libro, escriban un poema, experimenten el arte en todas sus formas, no sólo en aquellas que creen que les agradarán o en las que creen que serán buenos. ¿No son creyentes? No escuchen la letra… es lo menos importante. La interpretación es lo que se quedará impregnado en sus pieles. Aquí les dejo un extracto de la Misa Flamenca. Esto debe ser un “must” cuando pase por los teatros de sus ciudades. La experiencia en vivo es inolvidable, pero por el momento asegúrense de tener unos buenos audífonos.

Saludos desde el sur.

Hasta pronto Jerry.

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