Pull & Bear… ¡Ah, no! Boy & Bear

Penúltimo jueves del quinto mes de este doceavo año del vigésimo primer siglo y me doy una vuelta por acá, como es costumbre, para ponerle frecuencias que resulten agradables a su cóclea y lo menos dañinas posible para sus frágiles audífonos. Hoy la verdad me entró un poco la onda hipster y me puse a buscar en el vasto acervo del internet a alguna banda novedosa, de buena propuesta y que ya hubiera hecho cosas que avalaran su nombre y su música.

Para fortuna de todos, me encontré con un quinteto traído de las lejanas tierras marsupio-australes -Sydney, para ser más específicos- y que lleva ya 3 añitos pegándole con Tokyo, acuñando un estilo que suena exquisitamente particular dentro de lo mainstream que se ha vuelto ya el género folk. Les traigo sin más preámbulo… Boy & Bear.

La verdad la primera vez que los escuché, estaba un poco reacio a asimilar la propuesta musical de estos mates porque muchas de las bandas del género intentan ser fotocopias de bandas “pioneras” como Mumford & Sons o Dry the River… la verdad por mucho que disfrute el rock de villa menonita –background del cual estoy sumamente orgulloso, cabe aclarar-, es algo desalentador ver que se acaba cayendo en el formulazo en innumerables ocasiones. Añadiendo atención y eliminando el prejuicio, quiero decirles que los escoltados por Dave Hosking hacen música genuina, diversa y atascada de matices que hacen de cada rola una auténtica joya.

Teniendo la ventaja de que cada uno de los integrantes de Boy & Bear fue vocalista de sus respectivos proyectos independientes, la parte vocal de su música es definitivamente interesante. Haciendo una analogía al rock clásico y apelando a su memoria musical, si escucharon al trío America sabrán de lo que hablo. Para muestra, les dejo “Part time believer”.

Paréntesis terminado, enfoquémonos en lo que a su servidor más le gusta… la pura música. A pesar de que muchas canciones están arregladas con instrumentos que se han ido arraigando cada vez más en el género -mandolina, guitarra acústica, contrabajo-, estos jóvenes de la costa este se han discutido para darle la siempre bienvenida jiribilla a cada una de sus creaciones. Incorporando elementos puramente rockeros, teclados fantásticos y arreglos de cuerdas que realzan la simplicidad y finura de su música; detalles que no han pasado desapercibidos para la prensa australiana especializada -nominados en 7 diferentes categorías de los “Grammy” australianos, de las cuales se llevaron 5-, los radioescuchas ávidos y otras bandas que han encontrado en ellos frescura y elementos novedosos.

Con un EP -“With emperor Antarctica”- y un largometraje sónico que en serio les recomiendo ampliamente -“Moonfire”-, creo que tenemos el placer de escuchar a una banda que se puede convertir en un auténtico hit y que puede ir abriendo nuevos estilos dentro de lo amplio que ya es el folk. Para no dejarlos con ganas de más, golosos muchachos, les dejaré un par de rolitas más para que vayan “haciendo hambre” como quien dice y le hinquen el diente con singular alegría cuando le pongan las manos encima a cualquiera de sus producciones.

Golden jubilee”, “Milk and sticks”.

Sin más por el momento, quedo a sus órdenes.

Best regards.

D. Gato

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