La máquina de sangre de mi carnal

Señores no se me apuren, este post no es un link a rotten.com ni mucho menos -como si no lo hubieran visto en la secundaria-. Esta ocasión, les traigo una propuesta que habría compartido antes con ustedes, pero entre tantas opciones se hace difícil escoger… Como pudieron/pueden/podrán darse cuenta en el perfil de los Telluriats, uno de los grupos favoritos de éste su humilde interlocutor es Coheed and Cambria -del cual, juren por la vida de quien quieran, HABRÁ UN POST-: por su música, su interpretación y la historia que dio origen a la banda y que da secuela a sus producciones discográficas. La verdad no soy muy adepto a que las bandas sean reconocidas por un único miembro -pedrada a ti Jay Kay, por cepillar a Stuart Zender de Jamiroquai-, pero es claro que en el caso de Coheed todos los reflectores están puestos sobre Claudio Sánchez: creador, vocal/guitarrista, mastermind y melena de león del grupo.

No es para menos que este talentazo de origen boricua quisiera explorar nuevos horizontes musicales, para plasmar sus ideas de una forma que dista mucho de parecerse al post-punk/semi-progresivo que ha consolidado a C&C -y antes a Shabütie- como un grupo exponente del rock alternativo moderno. Este proyecto que lleva por nombre The Prize Fighter Inferno, muestra al diametralmente opuesto alter-ego musical de Sánchez; haciendo uso de una máquina de efectos, sutiles riffs de guitarra acústica y vocales más suaves -y hasta dulces-, que resultan un tanto paradójicas con lo que la canción desea realmente transmitir… Es una propuesta en sí interesante y bien vale la pena darle una escuchada.

Su único álbum lleva por nombre “My brother’s blood machine” -que le da el peculiar título a este post, con un poco de la cosecha local- y fue lanzado en 2006, poco después de que Coheed diera a conocer el primer tomo de “Good Apollo, I’m burning star IV”. Naturalmente, el éxito de la banda eclipsó el trabajo como solista de Sánchez y The Prize Fighter Inferno permaneció como un artículo auténticamente de mercado negro, del cual resultaba complicado escuchar si no se tenían los “contactos” necesarios. Las canciones construyen un mood bastante tranquilo y constituyen un disco agradable y divertido; aunque resulta complicado imaginar a este señor haciendo música ambiental.

Los voy a dejar con los sencillos que más me gustan del álbum. “Who watches the watchmen?”, el único que se dio a conocer al público de manera masiva y muestra de ese magistral trabajo de guitarra que les comento -aquí una versión con Coheed and Cambria-.

Y por último; “The Margretville town dance” -de la cual les voy a quedar a deber el video-, que estelariza el esfuerzo vocal más estilizado de Sánchez narrando cómo el hombre mismo se encarga de hacer mundana su existencia.

“Patiently wait your proper end,

from shameless motive to hollow sin…

you’re waste”

Guten Appetit!

D_n G_t_

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